sábado, 16 de mayo de 2015

inoportunos versos sucios

Y aquí estamos otra vez.
Esta vez pensaba que iba a tardar más en volver.
Pero está claro que eso del equilibrio
no es lo mío.
Y es que me he visto tan cerca,
te he visto tan lejos que.
Estaba todo negro y lo empecé a ver tan claro que.
Había olvidado como sonaban tus disparos
en mis silencios,
y como me quemaban.
Había olvidado los cristales y mis pies descalzos.
Los labios sellados, los ojos bien abiertos,
y si aprieto los dientes aguanto otra noche.
A duras penas, pero aguanto.
Y con los puños cerrados me recuerdo
que me la suda que abras tus piernas,
y me culpo por no haber conseguido
salvarte, salvarme.
Pido tregua y parece que se la lleva el viento.
Y no sé si es de locos pensar que hay vida
en algo que está muerto.
Y si es, igual no soy, igual me has vuelto.
Que sigo atada y sólo escribo para que lo entiendas.
Me desangro y me deshago en versos,
me desnudo para ti como nunca lo he hecho para nadie.
Me jodo la vida destrozándome por dentro,
chica sana y deportista, eso es todo un cuento.
Alma cansada, futuro incierto, niña que prometía
y sociedad que pronto jodió sus sueños.
Pero eso ya no importa, te reconocen por lo que eres,
pero tú me recordarás por lo que nunca seré(mos).
Y ojalá existiesen al menos recuerdos,
para que no me matasen sólo las ganas,
como mis dedos acariciando tu espalda.
Y a veces se me cae el mundo encima,
pero febrero me dijo que siguiera adelante,
y yo le hice caso.
Cuerpo presente, mente ausente.
Mi filosofía de vida.
Que al menos mi cabeza vuele todo lo alto
que mi cuerpo no puede.
Y darle color a esta puta vida monocromática.
Que importa tanto lo que hay debajo de tu pelo,
como lo que hay debajo de tu piel.


Y no sabes como me asusta 
(no) tenerte 
tan dentro.