domingo, 29 de octubre de 2017

Que te quemes que eso cura, decía.
Inocente.
Esa mierda te deja una cicatriz
para el resto de tu vida.
Que el tiempo no está siendo mi cura, 
sólo una suave y lenta agonía.
Pero sólo queda rabia
en cantidades industriales,
desbordando por todo mi cuerpo
eterno inconformismo,
infinita impaciencia
Irracional y animal deseo
de jugar,
a ver quién pierde más.
jugando como si pudiésemos ganar,
como si se pudiese no perder.
siempre duele,
siempre pierdes.
y nadie lo entiende
y seguimos queriendo jugar,
por pura inercia será
sino de qué.
Dice que odia a la humanidad
porque después de tantos siglos
todavía no hemos aprendido a amar.
Cómo queréis que ame
si no conozco el amor
sólo he visto odio
odio
odio
y más odio.
Sociedades que te empujan
a matrimonios vacíos,
a seguir el orden
o lo que ellos conocen como orden,
el peor de los caos (del griego, abismo).
el amor llevado a tribunales,
a psicólogos,
a comisarías,
a hospitales,
el amor llevado a la muerte
odio,
siempre odio.
Siempre pierdes.

Sé que no tengo derecho
a volver aquí
como si nada hubiese pasado.
Pretender que todo sea como antes,
que me acaricies como antes,
que me escuches como antes,
que me dejes ser como hacías antes.

Como solía,
me siento ante ti
y dejo mi mente en blanco
(lo más en blanco que puedo)
me dispongo a dejar sangrar la herida,
pero la herida ya no sangra,
ahora sólo duele
y no puedo hacer nada
para que pare.

Y qué puedo hacer
si yo sólo sabía sangrar.
Sólo sabía desangrarme ante ti,
dolerme muchísimo contigo,
no sabes como me dolía.
Pero lo hacías ligero,
no me ahogaba de dolor,
simplemente flotaba en él,
contigo.

Buceaba entre huesos, sangre y heridas,
me abría en canal para sumergirme
y así poder encontrar algo
que diese sentido
a eso que llamo dolor.