Comencemos
definiendo qué es el Estado Islámico, porque el nombre puede dar lugar a
confusión. El Estado Islámico no es un país donde viven todos los musulmanes,
es un grupo terrorista de organización yihadista. La yihad es la “guerra
santa”. En castellano “yihad” se traduce como “esfuerzo”, es un concepto del
Islam que aparece en el Corán y que hace alusión a una obligación religiosa
musulmana. Este grupo terrorista tiene una visión ultraconservadora del Islam y
de la ley islámica (Sharia), y actualmente lo encontramos en algunos
territorios sirios y al norte de Irak. Su objetivo es acabar con las fronteras
que los occidentales impusieron en oriente mediante el tratado secreto de
Sykes-Picot, firmado en 1916 entre Francia y Reino Unido, donde se limitaba la
actual frontera de Irak y Siria y ambas potencias se repartían el poder.
También quieren expandirse por más países del oriente medio, norte de África, e
incluso lo que antiguamente era el Al-Ándalus, es decir, la península Ibérica.
La
forma de conseguir esta expansión es mediante la violencia, cosa lógica
tratándose de un grupo terrorista, pero esta política del terror es considerada
por los expertos mucho peor que la que en su día llevó a cabo Al Qaeda (grupo
del que se disgregaron). Al Estado Islámico también se le conoce como ISIS, sus
siglas en inglés (Islamic State of Iraq and Syria) o EI (Estado Islámico).
El
Estado Islámico surge tras la invasión estadounidense de Irak y la caída de
Saddam Hussein en el año 2003. Tras esta invasión comenzaron a aparecer muchas
milicias que querían combatir a las tropas extranjeras, entre ellas el grupo
Estado Islámico, afiliado a Al Qaeda. Su primer dirigente fue el jordano Abu
Musab al Zarkawi, quien en junio de 2006 murió por un ataque aéreo
estadounidense. Su relevo lo tomó el egipcio Abu Ayub al Masri y declaró el
Estado Islámico de Irak el 13 de octubre de ese mismo año (2006), cuando
todavía formaban parte de Al Qaeda y contaban con alrededor de 800 milicianos.
En 2010 otro ataque norteamericano acabó con la vida del emir (palabra árabe
que significa caudillo, jefe político y militar) Abu Abdullah al Rashid al
Baghdadi, y con el propio Abub al Masri. Tras estos sucesos subió al poder el
que ahora es el líder del grupo, Abu Bakr al Baghdadi.
Cuando
las tropas norteamericanas se retiraron a finales de 2011, esta facción de Al
Qaeda aumentó en número de militantes, llegando a los 2.500. Por esta razón
decidieron entrar en la guerra civil de Siria y el nombre pasó a ser Estado
Islámico de Irak y Siria (Isis). Esta decisión creó un conflicto entre el
Estado Islámico y Al Qaeda, y entre los dos líderes de ambos grupos, por un
lado Ayman al Zawahiri, el heredero de Osama Bin Laden al frente de Al Qaeda y
Abu Bakr al Baghdadi, dirigente del Estado Islámico. Además de esta disputa, el
Estado Islámico comenzó a no acatar las órdenes de Al Qaeda, lo que produjo que
finalmente Al Qaeda se desligara por completo de Isis. Sin embargo, el Estado
Islámico se consolidó en algunas zonas de Siria y pasaron a controlar más zonas
de Irak, conquistando algunas ciudades importantes como Faluya o Mosul, al
norte de Irak.
El 29
de junio de 2014 Abu Bakr al-Baghdadi se
autoproclamó califa y declaró el califato del Estado Islámico de Irak y Siria.
El califa es el sucesor del profeta Mahoma, y todos los musulmanes deben
jurarle fidelidad. Que se haya autoproclamado califa es un hecho que no puede
pasarse por alto, porque ni el propio Bin Laden se atrevió en su día a hacerlo.
El califato es un sistema de gobierno dirigido por el califa y que trata de
gobernar a los creyentes del islamismo de todo el mundo mediante un
cumplimiento muy riguroso de las leyes islámicas. El último califato de la
historia fue el califato del Imperio Otomano que se abolió definitivamente en
1924.
Actualmente
esta organización terrorista cuenta con alrededor de 15.000 combatientes en sus
filas que provienen de distintos países árabes y también de países
occidentales. Cuentan con una gran financiación gracias a la venta de petróleo
que consiguen de los yacimientos de los territorios que conquistan. Esta venta
de crudo en el mercado negro les reporta un millón de dólares al día. Su
segunda fuente de financiación son los secuestros, con lo que los terroristas
consiguen alrededor de veinte millones de dólares que provienen sobre todo de
particulares y gobiernos occidentales. Otra parte de los ingresos nacen también
de las donaciones de algunos grupos islámicos no estatales.
Los
únicos que plantan cara al Estado Islámico y al avance de sus yihadistas en
oriente son los kurdos, tanto en Irak como en Siria y Turquía. Y no sólo ellos
(los hombres), también hay milicias enteras de mujeres soldado que no sólo
luchan por la libertad y la independencia del Estado kurdo, sino también por
los derechos de las mujeres. Los milicianos del Estado Islámico secuestran
mujeres que luego venden y esclavizan sexualmente. Si un miliciano muere como
mártir de la causa por la que lucha el Estado Islámico se supone que va al
paraíso, pero si es una mujer la que lo mata, estos milicianos no podrán
acceder al paraíso ni a las vírgenes prometidas por Alá, por eso ellas son más
temidas.
Realmente
los países árabes, sobre todo Irak y Siria, se encuentran sumergidos en una
espiral de fundamentalismos y violencia extrema, con ejecuciones,
decapitaciones, crucifixiones, inmolaciones, bombardeos, etc, y como siempre,
las consecuencias de estos actos protagonizados por fanáticos religiosos, las
pagan civiles inocentes.
Pero
las guerras del Estado Islámico no se limitan a aquello contrario o que no
respeta el islam, porque también encontramos conflictos entre diferentes grupos
islámicos, sobre todo entre los dos más grandes, chiítas y sunitas. Cuando
murió Mahoma, el islamismo sufrió una separación entre los que creían que el sucesor
debía ser Alí, yerno y primo del profeta (chiítas), y los que creían que el
sucesor debía ser Abu-Bakr aunque no fuese descendiente directo de Mahoma
(sunitas). El Estado Islámico pertenece al grupo suní y ha atentado contra su
propia religión destruyendo algunas mezquitas chiítas. A todas estas minorías
que residen en los países donde el Estado Islámico está imponiendo su política
del terror, no les queda más remedio que exiliarse y huir de este grupo
terrorista que arrasa con todo a su paso.
El
Estado Islámico realiza una gran inversión en propaganda, propaganda que
realiza mediante vídeos de altísima calidad grabados en alta definición y con
una gran edición, que luego suben a las redes sociales para conseguir jóvenes
que estén dispuestos a luchar por su causa. En esos vídeos se aprecia la
brutalidad de sus acciones, grabando decapitaciones y otras atrocidades bajo el
grito de “Alá es grande”. La mayor parte del contenido es en inglés, ya que el
público objetivo es occidental. Quieren reclutar jóvenes europeos dispuestos a
morir y matar por Alá. Los encontramos también en foros de internet y utilizan
la pobreza para ganar adeptos. Según el testimonio de un joven marroquí que
vivía en Barcelona: “Nos vamos a Siria a luchar por Alá. Pagan bien”, como nos
cuenta una noticia de El País.
Utilizan
otras formas de propaganda, como hacerse fotos en lugares emblemáticos de por
ejemplo España, con la bandera del Estado Islámico, apelando a ese sentimiento
de reconquista. Para ellos, la bandera es sagrada, ya que en ella aparece el
nombre de Alá.
Se
trata de una bandera negra con unos escritos hechos a mano. En la primera parte
pone “no hay más dios que Alá”, y dentro de un círculo blanco “Mahoma es su
profeta”.
El
objetivo del Estado Islámico es occidente, con el que tiene cuentas pendientes
desde hace siglos. Es un hecho que en oriente se sabe más sobre occidente, que
en occidente sobre oriente, pero esta vez quieren hacerse oír. El pasado 16 de
noviembre de 2014 el grupo terrorista difundió un vídeo donde aparecía uno de
sus militantes decapitando al estadounidense Peter Kassig, militar que fue
secuestrado en Siria en octubre de 2013. Pero este no es el único caso, también
se han publicado otros vídeos como el de la decapitación de un ciudadano
británico llamado Alan Henning, el de un periodista estadounidense llamado
James Foley o el de un turista francés al que secuestraron en Argelia, llamado Hervé Pierre
Gourdel. En todas estas decapitaciones, los destinatarios finales a los que se
dirigen los terroristas son los gobernantes de cada país. En el vídeo de la
decapitación de James Foley, el yihadista dice textualmente: “Tú, Obama, has
matado de nuevo a través de tus acciones a un ciudadano americano. Mientras tus
misiles sigan haciendo daño a nuestra gente, nuestro cuchillo continuará
atacando los cuellos de tu gente”. De esta manera, el Estado Islámico trata de
justificar sus actos, quitándose responsabilidades y delegándolas en las
fuerzas políticas y militares de los Estados que intervienen en sus
territorios. Con estos vídeos tratan de que cesen esas intervenciones y esos
ataques hacia su grupo. Responden a la violencia con una violencia todavía más
brutal, resultando contraproducente a su causa, ya que estas acciones no
frenarán a los países occidentales, sólo conseguirán alimentar su odio, y el
Estado Islámico podrá llevarse miles de vidas por delante, de inocentes en su
mayoría, pero es un hecho que no podrían enfrentarse en una guerra a occidente,
o por lo menos no podrían ganarla, aunque el perdedor sería el mundo entero. Ya
sabéis lo que dicen, ojo por ojo y todos ciegos.
Para
explicar las relaciones entre Estados Unidos y Oriente Medio, nos remontamos a
finales del siglo XIX, en plena era imperialista. El Medio Oriente siempre ha
despertado el interés de las potencias, ya que está situado estratégicamente y
suponía el control de numerosas rutas y puertos que permitían el comercio con
tres continentes distintos: Europa, Asia y África, y además de eso, por su
riqueza en recursos energéticos. Los primeros estadounidenses que llegaron a
oriente, eran misioneros de distintos grupos religiosos. En estos primeros
años, la influencia americana fue meramente cultural e ideológica. Hasta las
décadas de 1920 y 1930 no se empezaron a crear las primeras compañías
petroleras, naciendo así su interés comercial y económico.
Las
cosas cambiaron tras la Segunda Guerra Mundial, los objetivos de los
estadounidenses habían cambiado. Ahora la prioridad fundamental era frenar el avance
del comunismo, ya que la URSS suponía un peligro por su cercanía geográfica. Otro
objetivo era intentar erradicar los nacionalismos que surgían, y mantener la
estabilidad en los países del golfo pérsico para garantizar las provisiones de
petróleo. Por supuesto la defensa de Israel era otra prioridad.
En 1952
tuvo lugar la revolución egipcia, en Irak triunfó la revolución de 1958, y en
Siria los nacionalistas llegaron al poder en 1963. En Irán comenzaron a nacionalizarse
algunas petroleras que pertenecían a los británicos.
Entre
1959 y 1975 se libró la guerra de Vietnam. Esta guerra estalló tras un intento
soviético por unificar Vietnam en un único país bajo un gobierno comunista, por
lo que rápidamente EEUU intervino en defensa del capitalismo apoyando a Vietnam
del sur, mientras China y la URSS luchaban junto a Vietnam del norte.
En 1967
se produjo la guerra árabe-israelita, que finalizó con una sobrada victoria de
Israel y EEUU contra los nacionalistas árabes. Israel se convirtió en su aliado
estratégico contra la amenaza comunista. Las decisiones norteamericanas en
Oriente Medio siempre han tenido como finalidad apoyar al Estado judío por la
numerosa población judía que existe en Estados Unidos, pero más allá de eso,
suponía una ventaja aliarse con Israel, ya que era la potencia militar de la
región y era un refuerzo para competir con la flota soviética en el
mediterráneo, por eso siempre han favorecido al Estado israelita con programas
militares, ayudas económicas, venta de armas y apoyo diplomático. Más tarde
comenzó a aplicarse una política de apaciguamiento, se crearon los acuerdos de
Camp David (1978), los cuales suponían la paz entre Egipto e Israel y
pretendían finalizar con los enfrentamientos fronterizos con Palestina, pero
estos acuerdos no consiguieron que se reconocieran los derechos de los
palestinos, ni su soberanía sobre Gaza y Cisjordania.
En 1979
se produjo la caída del Irán monárquico, lo que suponía la pérdida de
legitimidad de las monarquías árabes. Ese mismo año Rusia invadió Afganistán, y
Estados Unidos comenzó a financiar y a entrenar a guerrillas islámicas que
luchaban contra los soviéticos. Tras la caída de la Unión Soviética, esas
guerrillas a las que habían financiado se volvieron en su contra tomando una
ideología antioccidental. Los miembros de las guerrillas se dispersaron, y
convencidos de que habían sido ellos los que habían derrotado a la URSS se
reforzaron y afloraron las ideas fundamentalistas. Así que los que en los años
80 eran sus aliados contra los soviéticos, en los 90 se convirtieron en
terroristas, enemigos número uno del mundo occidental, entre ellos Osama Bin
Laden.
En 1982
EEUU apoyó la invasión israelita al Líbano, pero unas milicias chiitas
detonaron una bomba en un cuartel norteamericano causando la muerte de más de
doscientos marines, lo que produjo su inminente retirada y el consecuente
desprestigio. El nacionalismo árabe fue perdiendo poder, por lo que en 1991
Irak intentó dar un golpe de autoridad invadiendo el territorio de Kuwait, y
esto provocó la inmediata reacción de los norteamericanos en lo que se conoce
como la guerra del Golfo Pérsico. Fue una guerra entre Irak y una coalición de
países liderados por Estados Unidos que trataban de frenar ese avance iraquí.
Finalmente ese intento nacionalista fracasó y EEUU salió victorioso.
El 11
de septiembre de 2001 tuvo lugar el peor atentado terrorista en la historia de
Estados Unidos. El grupo terrorista Al Qaeda, dirigido por Osama Bin Laden,
secuestró diferentes aviones comerciales estrellándolos contra las emblemáticas
torres gemelas de Nueva York, causando alrededor de 3.000 muertos y más de
6.000 heridos. Otro tercer avión impacto en el Pentágono, en Virginia, y un
cuarto avión no alcanzó ningún objetivo y se estrelló en campo abierto, en
Pensilvania.
En 2003
se produjo la Segunda Guerra del Golfo que tuvo los mismos protagonistas. En
esta guerra se derrocó al entonces presidente de Irak, Saddam Hussein.
Desde
2010 se está produciendo lo que se conoce como Primavera Árabe. Son movimientos
revolucionarios que se están dando en algunos países árabes como Túnez o
Egipto, y que persiguen la democracia, libertades y cambios sociales, políticos
y económicos.
Con la
llegada de Obama a la casa blanca, el discurso estadounidense ha cambiado. Se
trata de un discurso que cree firmemente que es posible la paz ente oriente y
occidente, y que afirma que sus relacione se van a basar en la justicia.
Actualmente,
cabe destacar la intervención norteamericana en el conflicto de Israel y
Palestina. Todo comenzó con el sentimiento antisemita que surgió en Europa en
el siglo XX. Los judíos empezaron a creer que era necesario formar un Estado
judío. Los británicos alimentaron esas esperanzas e hicieron promesas que nunca
cumplieron. Numerosos judíos comenzaron a emigrar a la zona de Palestina, lugar
sagrado, creando el Estado judío de Israel. Desde entonces, árabes y judíos se
encuentran inmersos en una guerra territorial, en la que Israel cuenta con el
apoyo económico, armamentístico e internacional de Estados Unidos.
Estados
Unidos siempre se ha presentado como legitimador de la democracia y “del mundo
libre”, pero los estados árabes es justo lo que siempre han reclamado, libertad
y autonomía. Occidente se ha equivocado mucho, y se sigue equivocando, pero de
los errores se aprende. No entiendo por qué oriente nunca ha tenido ese derecho
a equivocarse, a aprender por sí solo. Por qué los países occidentales siempre
han tenido que estar influyendo e interviniendo en países que están en la otra
punta del mundo, países con los que en principio no tiene nada que ver y que
sin embargo han determinado su historia. Por qué en oriente tiene que estar el
Estado número 51 de Estados Unidos. Obviamente es una cuestión de dinero y de
poder, porque el dinero mueve el mundo, es un hecho. Estados Unidos se ha
creído el dueño del universo, y ha jugado con los países de oriente en función
de sus intereses. Ha reprimido a poblaciones enteras, ha cometido numerosas injusticias
históricas y ha provocado alienaciones sociales, y el resultado no es otro que
la aparición de grupos fundamentalistas y fanáticos.
Pero
Estado Unidos no ha sido el único país occidental que ha intervenido en Oriente
Medio. Europa por cercanía también ha mantenido relaciones con oriente desde
hace siglos.
Empecemos
por Reino Unido. Gran Bretaña era la potencia dominante en oriente a finales
del siglo XIX y hasta mediados del XX. En 1956 comenzó el fin de la hegemonía
del Imperio Británico en Oriente Medio debido a la crisis económica en la que
se sumergió tras la Segunda Guerra Mundial.
En 1956
tuvo lugar también la guerra de Suez, en la que Reino Unido, Francia e Israel
se aliaron contra Egipto. El Canal de Suez era la principal vía para
transportar el petróleo tanto para Reino Unido como para Francia, y tras la
llegada de Nasser a la presidencia de Egipto, se trató de nacionalizarlo.
Finalmente Nasser lo nacionalizó y tanto Reino Unido como Francia se vieron
obligadas a ceder el control sobre el Canal de Suez y perdieron numerosas
colonias y protectorados. EEUU sustituyó al Imperio Británico como potencia
occidental referente en la zona. Actualmente los únicos intereses británicos
sobre Oriente Medio son comerciales y de seguridad antiterrorista. Gran Bretaña ha sido un gran exportador de
armas a países como Egipto o Israel, pero se han visto obligados a reducir
estas exportaciones, ya que estas armas se utilizaban en contra de los derechos
humanos (como si se pudiesen utilizar para otra cosa).
Tradicionalmente Reino Unido ha sido un firme
defensor de Israel, pero esta postura en la actualidad ha cambiado, ya que se
posicionan en favor de un proceso de paz y condenan los asentamientos
israelitas en Cisjordania. Las relaciones entre los dos países han empeorado, y
probablemente siga empeorando mientras los israelitas sigan con su lucha
matando a civiles palestinos.
Para Reino Unido, la Primavera Árabe de 2011 ha
supuesto una gran oportunidad geopolítica para rehacer sus relaciones con el
mundo árabe. El primer ministro David Cameron lo comparó con la caída de los
regímenes comunistas de 1989. Históricamente Reino Unido no ha realizado
grandes inversiones por el desarrollo de países de Oriente Medio con la
excepción de Palestina y Yemen, pero entre 2003
y 2009 se ha invertido en el desarrollo de Irak.
Algunos piensan que Reino Unido no puede
permitirse perder relaciones económicas con países como Egipto por cuestiones
democráticas o de derechos humanos, pero es que se está produciendo un auge de
movimientos terroristas como Al-Qaeda o el Estado Islámico, y esas armas
exportadas podrían caer en manos terroristas. Esto ha llevado a Reino Unido a
aliarse con nuevos socios como Argelia, con el que recientemente ha firmado un
pacto en materia de seguridad.
Antes de la Revolución Islámica de 1979,
Reino Unido e Irán eran grandes aliados comerciales. Ahora Reino Unido se está
replanteando reabrir una embajada norteamericana en Teherán para mejorar las relaciones
económicas y luchar contra el Estado Islámico. El 26 de
septiembre de 2014, se aprobó en el parlamento británico una campaña de
bombardeos aéreos contra el Estado Islámico en Irak.
Realmente
Reino Unido no está dispuesto a sacrificar sus intereses económicos y
comerciales por una postura firme en defensa de los derechos humanos, siempre y
cuando su seguridad no corra peligro.
En
cuanto a Francia, históricamente también ha sido siempre una gran potencia
colonial, y hasta los años de la descolonización, poseía mandatos como El
Líbano y Siria. Al igual que todas las potencias coloniales, se presentaba como
el libertador y el civilizador, que llegaba allí para educar y enseñar las
ventajas del mundo moderno occidental. En la Primera Guerra Mundial, contaron
con el apoyo de esos países árabes por sus enfrentamientos con el Imperio
Turco, y a cambio de respetar sus intereses nacionalistas. Finalizado el
conflicto, los países vencedores, entre ellos Francia, no cumplieron con las
promesas realizadas, traicionando la confianza de sus colonias. Los franceses
separaron El Líbano de Siria para convertirlo en un foco administrativo con el
apoyo de los cristianos locales, y provocando conflictos territoriales con
Siria. Tras la Segunda Guerra Mundial y con el auge de los nacionalismos árabes
en la zona, se vio obligada a aceptar la independencia de sus colonias, al
igual que hizo Reino Unido y España. Esta descolonización se produjo entre 1940
y 1960. Por parte de Francia, siempre se ha producido un apoyo a la monarquía
marroquí, también después de su descolonización en 1956, con el mero objetivo
de mantener las buenas relaciones y el comercio de crudo.
Es otro
claro ejemplo de como a las potencias occidentales lo único que les interesa y
les ha interesado siempre de oriente, son las relaciones comerciales que puedan
proporcionarles beneficios económicos. Históricamente les han utilizado en
función de sus intereses, haciendo caso omiso a sus peticiones de
autodeterminación, hasta que no les quedó más remedio que aceptar su
independencia. Francia tampoco se ha librado de los ataques de grupos
terroristas islámicos, sin ir más lejos, el pasado 7 de enero de 2015, dos
yihadistas irrumpieron en la sede de la revista satírica de París, Charlie
Hebdo, asesinando a doce personas, y dejando heridas a otras once. La causa de
este ataque fueron unas viñetas en las que la revista ridiculizaba al profeta
Mahoma. Desde los países árabes, Al-Qaeda ha reivindicado la autoría de estos
hechos terroristas. No se hicieron esperar las reacciones, y al día siguiente
las mezquitas de París fueron atacadas.
En
España también conocemos el terrorismo islámico. El 11 de marzo de 2014 (11-M),
la estación madrileña de Atocha fue atacada por una célula yihadista, detonando
diez bombas en cuatro trenes, en hora punta de la mañana. Dejaron 192 muertos y
1858 heridos. Una de esas bombas casi me quita a mi abuela. Pero no fue el
único ataque, en 1985, estalló una bomba en el restaurante “El Descanso”,
causando 18 muertes.
Tras
los últimos sucesos yihadistas vividos en Europa, se ha encendido una alarma
antiterrorista que roza los límites de la obsesión y del racismo. No sabemos si Europa está
entre los objetivos del Estado Islámico o de Al-Qaeda, y si lo estamos, no
sabemos cuáles son sus intenciones ni sus objetivos, teniendo en cuenta que no
podrán islamizar un continente como Europa, y menos mediante la violencia. No
sabemos si España es un objetivo real del Estado Islámico, pero si lo es, el
enemigo no es el Islam, el enemigo es el terrorismo y la violencia.
Muchos
de sus militantes provienen de Europa, y quién sabe qué es lo que se les pasa
por la cabeza para viajar a Siria o Irak para matar (y no digo luchar) en
nombre de Alá. Para empezar, se trata de un pensamiento religioso llevado a sus
fundamentos, y está plagado de incoherencias, aunque en realidad, ¿qué religión
no lo está? El Islam es una religión de paz,
y en teoría matar es pecado, sin embargo uno de los versos del Corán dice
literalmente: “mata a los infieles donde quiera que los halles”. También, en
teoría está prohibido el suicidio, pero los islamistas radicales practican la
inmolación, ya que morir como mártir si está permitido. Son interpretaciones
que realizan algunas personas. Diferentes interpretaciones del Corán al igual
que existen diferentes interpretaciones de las Biblia, y no podemos calificar a
todos los islamistas como radicales terroristas. Realmente no sé qué es más
peligroso que llegue a Europa, si el terrorismo yihadista o la islamofobia y el racismo. No sabría decir cuál de las dos
cosas mata más. Es el gran error que el mundo ha repetido una y otra vez,
tratar de resolver el odio con más odio. Suena utópico, pero es que no me entra
en la cabeza la razón por la que no es posible que exista un mundo pacifista,
en el que las diferentes religiones y las diferentes razas (si es que existen)
convivan en paz, sin hacerse la guerra. Qué nos meten en la cabeza desde niños
para que acabemos matando a personas por un dios que ni siquiera tenemos la
certeza de que exista, y si existiera ¿de verdad querría eso? Nadie tiene la
verdad absoluta, sin embargo hay personas que se creen con el derecho de matar
en nombre de la verdad. ¿En serio es más importante una creencia que una
persona? ¿En qué mundo vivimos? Vivimos en un mundo de religiones y dinero, de
dinero y religiones. Porque ahora el Islam que malo es, pero el cristianismo ha
hecho lo mismo a lo largo de la historia, la Inquisición mataba en nombre de
Dios, y nos reiríamos si un musulmán dijera que todos los cristianos somos la
Inquisición. No se puede generalizar, porque en el momento en que generalizas
mientes. También es curioso como la muerte de miles de personas diariamente en
otros continentes, no tienen la menor importancia, pero si se producen cuatro
muertes en el país vecino la cosa cambia, se están acercando, ahora si conviene
luchar contra ellos. Otra vez cuestión de dinero. ¿Para qué gastar dinero en
salvar vidas en la otra punta del mundo? ¿Derechos humanos, eso qué es?
¿Organización de Naciones Unidas, pero eso existe?
El
mundo no puede funcionar mientras un trozo de papel sea más importante que una persona.