miércoles, 24 de septiembre de 2014

hablan las metáforas

Soy como el suicida que se enamora del puente por el que se quiere tirar, el que no tenía miedo (o eso decía), el que se iba a tirar de cabeza, el que tenía claro que quería saltar, pero que no contaba con enamorarse hasta de esos barrotes, casi casi tan oxidados como su tercer dedo.
Soy como la niña que se enamoró de la curva dónde se mató, a la que le ponía cachonda la señal de "curvas peligrosas", la que amaba la velocidad y el riesgo, la que solía acelerar en las curvas, la que perdió la vida en su primer accidente.
Yo soy la que se fija en el loro que no habla, en el gato cariñoso, en el mono que fuma, en el perro callejero, en el último de la cola. Yo soy la que quiere al pájaro que no sabe volar.
Yo quiero a la que se esconde para que no la salpiquen, pero siempre le grita al mundo que ama la lluvia.
Yo que te he escrito poesía a la altura del pecho, tú que siempre huyes en dirección contraria a los te quiero. Tú que sigues igual que cuando te conocí, con tanto frío, tantas tormentas, y esos ojos de lluvia, y sin expectativas de que escampe. Yo que sólo quería darte calor, yo sólo quería ser esa sudadera a finales de septiembre.
Sigo soñando aunque me recuerdo dos de cada tres noches lo que te prometí (lo haré por ti).
Y otro mal invierno asoma, y yo con mi educación de niñata de colegio de monjas le digo que se vaya a dar por culo a otra parte, aunque pensándolo peor, ya son muchos los que huyen. ¿Invierno, sabes qué? quédate aquí conmigo, si total, por dentro ya estoy helada.

sábado, 6 de septiembre de 2014

"a ver quién se encuentra antes"

Me jode que leas
que siento tanto
y todo por ti,

me jode leer
que sientes tanto
y nada por mí.

No lo entiendo,
vas y vienes,
cuando te vas
es por poco tiempo,
fugazmente,
como la estrella
que tienes,
pero cuando vuelves
lo haces muy
fuerte,
arrasando con todo.

No sé si es esta
puta ciudad
de la que antes
estaba perdidamente
enamorada
y que ahora
me ahoga,
me consume,
como si fuese 
una simple colilla
a la que sólo le quedan
un par de tiros.
La que me lo ha dado
todo (o casi),
y luego 
me lo ha quitado.

De que coño me sirve
vivir en la misma ciudad
que tú,
sólo para quemarme,
para quitarme mis sueños,
esos que me cortaban
(por eso de que son 
de cristal)
pero que me hacían 
seguir
sintiendo(me)
viva.

De que me sirve 
que exista un tren
que me llevaría
hasta tu casa, 
hasta tu cama.

Por qué estamos 
tan cerca,
si cuanto más cerca
más quema,
en esta ciudad
rodeada de fuego
donde tú eres
el centro.

El puto centro de
madrid,
el puto centro
de lo más escondido
que hay en mí.
¿por qué tienes que ser 
tan céntrica, madrid?

La ciudad en la que
si no sabes donde
perderte,
coges un tren
dirección al final 
del túnel.
Siempre encontrando 
alguna excusa
para coger esa preciosa
línea verde,
y si algún día 
hay suerte
volver a cruzarme
con esos ojos.
Mientras tanto 
me dedico a buscar
la mirada más perdida
del vagón,
intentando llamar
 su atención,
para acabar despidiéndonos
con un 
"a ver quien se encuentra antes".

Ay madrid,
que mal me tratas
y que mal repartes
las oportunidades,
y la putada es que
te quiero, más allá 
de lo que ves,
de lo que lees
o de lo que puedas
creer.

Y pensándolo peor,
si me pudiera ir
no lo haría,
porque si cuanto 
más cerca
más quema,
me gustaría tenerte
tan cerca
que pudieras tocar
mi calor,
ese que provocas
tú.

no sabemos sumarnos

(Te estoy olvidando,
quiero decir,
de esa manera.

Está claro que
siempre serás
alguien especial,
uno de esos 
siempres 
imposibles
e imborrables.

Siempre estarás 
dentro de mí,
en un sentido
plenamente
metafórico, claro,
y no sé si
por desgracia,
o por suerte,
ya da igual.

Te doy igual,
y ya somos dos)