domingo, 19 de abril de 2015

tal vez

Igual nos estamos equivocando, del todo.
Tal vez tenía razón cuando me dijo
"no tienes que encontrar nada
 que valga la pena,
algún día te chocarás con alguien
que se merezca estar ahí cuando tu boca
decida acercarse a tus orejas"
Y no puedes controlar que te destruyan 
sin tu permiso,
o peor,
puedes caer en la autodestrucción (in)consciente.
Incontrolable y devastadora.
Y no le busques sentido,
es como lo de que te gusten más las pelis
cuando te hacen sufrir.
Si estás en ese punto, créeme, se sale.
Puedes dejar de hacerte daño,
pero es muy difícil.
El dolor es un vicio, muy malo.
Peor que el de pupilas dilatadas
y ojos rojos (no precisamente de llorar).
Por eso héroes aquí, 
son los que te hacen enseñar los dientes
y no para morder.

Y joder, que duro es esto,
pero explícale al que vive entre cartones
que no encuentras tu sitio,
que el mundo no te entiende,
que no te sientes realizada,
que no sabes que hacer con tu vida.
Se va a reír en tu puta cara.
O igual llora.

¿Sabéis?
Creo que la felicidad no es un estado
de larga duración,
creo que simplemente son momentos
más fugaces
que algunas noches de verano.
Felicidad es un viernes al salir de clase
y las cerves en el cienmon de después.
Felicidad es cenar tortitas con nutella un sábado
por la noche.
O cuando llevas muchísimo tiempo aguantándote el pis,
y por fin encuentras un baño, y meas,
y se te queda una cara de gilipollas increíble.
Felicidad es un polvo bien echado.
Un abrazo de mi hermana.
Dormir con mis gatos.
Ir al pueblo.
Hacer reír a mi madre.
Tocar la batería.
Jugar al fútbol con mi prima.
Llegar a casa borracha y superar la carrera de obstáculos
que supone llegar hasta la cama.
Leer un libro y descubrir que un hombre del siglo pasado
pensaba igual que tú.
Felicidad es saber que somos orden
porque somos revolución.
Felicidad es cantar la canción de las salchipapas,
o reírnos de un chulo con andares prepotentes
que se tropieza por la calle.
Felicidad es ir siempre tan bien acompañada.
Felicidad es no madrugar,
o ver a una chica preciosa leyendo un libro sobre feminismo
en el metro.
Felicidad fue volver a escuchar tu voz en directo,
y no romperme (no del todo).

Total, que tampoco estoy tan mal.

y yo, 
tal vez, 
algún día.

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