sábado, 4 de octubre de 2014

Ignacio Fornés, no te calles nunca.

"La historia se repite, hay un castigo ejemplar
y mil formas de acabar con el que grite,
con aquel que agite las conciencias y hable de utopías,
héroes convencidos perseguidos por la CÍA.
Vierten su agonía por la libertad siendo censurados
y a sangre fría sin piedad asesinados por gobernantes cobardes,
mi rap arde al recordarles,
al decirle al mundo que su lucha no fue en balde.
Como John Lennon, me temo que fue un veneno,
no era bueno hablar de más, hablar de amar más, sin mal, sin armas.
Un Jesucristo en los 70, la amenaza de un buen tipo,
"Imagine all the people" como himno inmortal de un mito
de colosal influencia y fatal consecuencia,
cinco balas en su espalda la sentencia,
por decir verdades, por imaginar un mundo de igualdades,
de música, amor y oportunidades.
Ideales de un loco arlequín que toco fin,
por soñar despierto acabó muerto como Luther King.
Martin nos dijo adiós antes de tiempo,
al predicar la paz con el ejemplo, fue la furia de un gobierno
que odiaba ver a un negro como aquel luchando sin cuartel,
por un pueblo y un color de piel,
y fue así como el odio y su frenesí
le dieron caza aquella tarde gris en Memphis, Tennessee.
Y allí otra paloma cayó al suelo sin consuelo,
la esperanza lloró, lo oyó todo un planeta entero.
De nuevo el rencor venció, sucumbió el romance,
quizás todo sería distinto hoy sin aquel percance.
Quizás Bob Marley no murió de cáncer,
quizás Tupac Shakur murió por su actitud "black panther".
Misterio o conspiración, la revolución pagó su precio,
y quien habló de más halló disparos de silencio.
Desde este black book mi memoria vuela
hacia la bala que mató a Sam Cooke en un motel de carretera.
Como quisiera estar allí y así avisarle
que el Ku Klux Klan tenía un plan para asesinarle.
Un negrata millonario en los 60,
el espejo de una raza hambrienta,
que alimenta su alma mientras ahuyenta al que le oprime,
"A change is gonna come",
tenía razón y ese fue su único crimen.
Sus canciones aún viven y me desgarran,
como las de Víctor Jara, el peligro de un hombre y una guitarra.
Acribillado a bocajarro por el régimen de Pinochet,
su cuerpo exánime acabó en el barro,
como el Che Guevara y la unión quebrada a golpe de fusil o de garrote vil,
nada que hacer para el más débil,
al ver que sus iconos sólo caen como colillas,
por preferir morir de pie que vivir de rodillas.
Sencillas vidas lúcidas vencieron a cien mil,
sin miedo a morir por sus principios como Harvey Milk.
Yo aprendí de Gandhi y de su humilde vestimenta,
pacifista exterminado de la forma más violenta.
Triste final de quien se enfrenta al mal,
recuerdo a Kennedy sangrando en su coche presidencial,
quiso darnos un mañana y falleció a una edad temprana,
me pregunto si todo será igual con Barack Obama.
Si el drama cegará nuestra esperanza,
si la danza de los tiempos borrará las huellas de aquellas matanzas.
Hoy rompo una lanza por la lucha que presencio
y que cesen para siempre los disparos de silencio.

Y por Indira Gandhi, por Benazir Bhutto,
en todo el mundo las mujeres van de luto.
Allí por las mariposas, aquí por las trece rosas,

su valor venció a los disparos de silencio.”

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