Sólo hay una puta más puta que la vida, y esa es la muerte. Hasta ayer yo era la gilipollas que decía "no le tengo miedo", pero ver a más de cincuenta colegas llorando desconsolados, y a todos mis profesores en un tanatorio porque se ha ido alguien al que todavía no le tocaba, me ha hecho darme cuenta de que no hay nada que me de más puto miedo en este mundo que volver allí y volver a verla tan de cerca.
Que alguien me explique quién coño decide que a un chaval de dieciocho años le ha llegado su hora. Quién es tan jodidamente injusto de quitarle a una niña de quince años su hermano mayor, a unos padres su hijo y al chico más bajito pero con el corazón más grande la posibilidad de vivir. ¿Quién coño ha decidido quitárnoslo ahora?.
¿Nacidos para morir? no puede ser joder.
Ahora que empezaba a ver un poco el sentido, que parecía que por fin alguien había encendido la luz, otra vez todo negro.
Parece que fue ayer cuando hace cinco meses nos graduamos, todos tan guapos, y él con su flauta travesera y con Julia al piano, en ese escenario donde tan grandes nos hemos sentido y donde tan grande se te veía, chiquitín.
Parece que fue ayer cuando estábamos en Mallorca celebrando que éramos libres, bebiéndonos hasta las olas del mar y gritando en el autobús que esa noche íbamos a follar.
Esto es rarísimo, es como que no termino de asumir que ya no estás, que no vas a volver, pero Diego, no vas a volver porque nunca te vas a ir, te prometo que vas a ser eterno, porque sólo muere quien es olvidado y créeme, nadie te va a olvidar.
Diego Ribes, siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario