No sé qué hago.
No sé que hice, pero fueron los mejores meses
desde hace mucho tiempo.
Y no te he necesitado.
Te he echado de menos a veces, pero.
Ni siquiera me apetecías.
Me han preguntado por ti,
les dije que yo ya no.
Y mírame, estallando delante tuyo como siempre,
pero nunca más, te dije.
No es la primera vez que me ves al límite,
pero apuesto a que jamás habías visto mis ojos así.
Ya te dije que me encantaría hacértelo
volando sobre un yet de cuatro gramos,
pero esto es sólo pura deshidratación.
Es rojo rabia.
Pura impotencia.
Soy yo a las tantas de la madrugada,
después de un día de mierda.
Han sido mis manos, mis nudillos en concreto
suplicándome que si quería hacerme daño,
lo hiciese de otra manera.
Así, por ejemplo.
Y que si no te pido ayuda, es porque me tengo a mí.
Pero yo también me fallo, constantemente.
Es humano ¿no?, y yo soy medio humana.
A medias todo, como siempre.
Y ojalá pudiera hacerlo fácil. Gritarlo, y que todos se enteren.
Pero no puedo, en serio.
Sé los cuatro que me van a leer.
Dos me preguntarán que coño significa.
A uno le importará.
Nadie lo entenderá.
Sé que mi hermano no lo verá en su vida,
aun siendo una de mis razones fundamentales.
Mi guerra perdida.
Mi gran herida.
Sé que ella tampoco, ni él.
Ni ellos.
Y tú, probablemente hayas llegado hasta aquí de casualidad.
Como yo en realidad, con todo.
Son amigos que se fueron,
otros que no supieron ser fuertes.
Es por los que quedan, y lo que nos queda.
Es miedo a fallarle a mi madre.
Es la tristeza invadiéndome porque no sé valorarle.
Es el extraño de la habitación de enfrente, y mis ganas de abrazarle.
Es un espejo en el que no me encuentro.
Un cuerpo que me esclaviza.
Una mente que me asfixia.
Y una boca que me la juega y me hace perder.
Soy yo intentando descifrar miradas, empezando por la mía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario