Sólo hay una puta más puta que la vida, y esa es la muerte. Hasta ayer yo era la gilipollas que decía "no le tengo miedo", pero ver a más de cincuenta colegas llorando desconsolados, y a todos mis profesores en un tanatorio porque se ha ido alguien al que todavía no le tocaba, me ha hecho darme cuenta de que no hay nada que me de más puto miedo en este mundo que volver allí y volver a verla tan de cerca.
Que alguien me explique quién coño decide que a un chaval de dieciocho años le ha llegado su hora. Quién es tan jodidamente injusto de quitarle a una niña de quince años su hermano mayor, a unos padres su hijo y al chico más bajito pero con el corazón más grande la posibilidad de vivir. ¿Quién coño ha decidido quitárnoslo ahora?.
¿Nacidos para morir? no puede ser joder.
Ahora que empezaba a ver un poco el sentido, que parecía que por fin alguien había encendido la luz, otra vez todo negro.
Parece que fue ayer cuando hace cinco meses nos graduamos, todos tan guapos, y él con su flauta travesera y con Julia al piano, en ese escenario donde tan grandes nos hemos sentido y donde tan grande se te veía, chiquitín.
Parece que fue ayer cuando estábamos en Mallorca celebrando que éramos libres, bebiéndonos hasta las olas del mar y gritando en el autobús que esa noche íbamos a follar.
Esto es rarísimo, es como que no termino de asumir que ya no estás, que no vas a volver, pero Diego, no vas a volver porque nunca te vas a ir, te prometo que vas a ser eterno, porque sólo muere quien es olvidado y créeme, nadie te va a olvidar.
Diego Ribes, siempre.
lunes, 10 de noviembre de 2014
miércoles, 22 de octubre de 2014
voy a intentarlo
Lo voy a intentar, de verdad.
Voy a intentar despertarme con ganas,
sonreír cada mañana a la chica del espejo,
aceptar que yo también me equivoco,
sacarle la lengua a cada niño que me cruce,
sonreír a cada abuelita en el metro.
Voy a darle a mi madre todos los besos que la debo,
voy a reírle las gracias a mi padre
y voy a darle las gracias por hacerme reír.
Voy a olvidar todas las veces que mi hermano me ha fallado,
todas las veces que ha hecho llorar a mi madre,
y voy a quedarme con aquella tarde en la que apareció por casa
con un gatito metido en el bolsillo del abrigo.
Voy a comerme a besos cada día a mis dos gatos,
voy a bajarles comidita a los gatos de la calle y hablar con ellos.
Voy a pararme a leer cada frase escrita en la pared
y a escuchar a cada músico callejero.
Voy a jugar al fútbol y voy a dejarme la piel en cada partido,
aunque me la sude el resultado.
Voy a jugar limpio.
Voy a salir de fiesta cada fin de semana porque quiero,
porque puedo y porque sé que a mis papis les revienta.
Voy a echar cada polvo como si fuese el último
y voy a olvidar esa tontería del amor.
Voy a utilizarles y voy a cuidarlas.
Voy a ser una estrecha cuando cada noche
me encuentre a la tristeza metida en mi cama medio desnuda,
aunque sea la única fiel.
Voy a desahogarme con las paredes,
aunque mis nudillos lo sufran.
Voy a decir la verdad, menos cuando duela.
Voy a salir más de esta ciudad que tanto aprieta,
voy a respirar más pueblo, más abuelos.
Voy a recordarme cada día que soy la persona
con más suerte del mundo,
voy a demostrarla que soy consciente de lo que tengo.
Voy a seguir escribiendo estas cosas inútiles
y voy a permitirme cada noche un ratito a solas
con mi libreta y mi boli de la suerte.
Voy a escribir cada mañana los sueños que he tenido por la noche.
Voy a leerme esa montaña de libros que me esperan
sobre ese skate que hace de estantería.
Voy a asumir que el mundo no es justo,
pero no pienso tolerar las injusticias.
Voy seguir soñando con que algún día se cumplirán mis utopías.
Voy a ser feliz, aunque sea a ratos,
y darle sentido a esto que llaman vida.
No sé si lo conseguiré, pero en serio,
voy a intentarlo.
domingo, 19 de octubre de 2014
Dime dónde.
Dónde han quedado
aquellas tardes
en las que lo raro
era estar cinco minutos
sin reírse.
Aquellas meriendas
los viernes
en el lugar de siempre
a la hora de siempre.
Aquel parque
al que solíamos ir
después,
donde presumíamos
de lo diferentes
que éramos,
donde bebimos
por primera vez,
donde nos fumamos
ese trozo de papel,
donde le besé,
donde un chico
me rompió
por primera
y última
vez.
Dónde ha quedado
aquella inocencia,
aquellos ojos
sin miedo a nada,
aquella boca que
no se callaba
lo que pensaba,
aquella niñata
a la que echaban
siempre de clase.
Dónde quedaron
aquellos tiempos
en los que no
necesitábamos
la hierva de la risa
para reírnos de todo.
Dónde está
mi inconformismo,
mi rebeldía,
mis ganas de probarlo todo,
de cambiarlo todo.
Dónde coño me he dejado
las ganas de seguir.
Dónde cojones he puesto
mis motivaciones.
Y dime por donde
queda más o menos
cuando éramos
tan jodidamente
felices
y ni siquiera
lo sabíamos.
Cómo podemos
ser tan jóvenes
y sentirnos así,
y que injusto
tener tantas ganas
pero no saber donde.
sábado, 4 de octubre de 2014
Ignacio Fornés, no te calles nunca.
"La historia se repite, hay un castigo
ejemplar
y mil formas de acabar con el que grite,
con aquel que agite las conciencias y hable de
utopías,
héroes convencidos perseguidos por la CÍA.
Vierten su agonía por la libertad siendo
censurados
y a sangre fría sin piedad asesinados por
gobernantes cobardes,
mi rap arde al recordarles,
al decirle al mundo que su lucha no fue en
balde.
Como John Lennon, me temo que fue un veneno,
no era bueno hablar de más, hablar de amar
más, sin mal, sin armas.
Un Jesucristo en los 70, la amenaza de un buen
tipo,
"Imagine all the people" como himno
inmortal de un mito
de colosal influencia y fatal consecuencia,
cinco balas en su espalda la sentencia,
por decir verdades, por imaginar un mundo de
igualdades,
de música, amor y oportunidades.
Ideales de un loco arlequín que toco fin,
por soñar despierto acabó muerto como Luther
King.
Martin nos dijo adiós antes de tiempo,
al predicar la paz con el ejemplo, fue la
furia de un gobierno
que odiaba ver a un negro como aquel luchando
sin cuartel,
por un pueblo y un color de piel,
y fue así como el odio y su frenesí
le dieron caza aquella tarde gris en Memphis,
Tennessee.
Y allí otra paloma cayó al suelo sin consuelo,
la esperanza lloró, lo oyó todo un planeta
entero.
De nuevo el rencor venció, sucumbió el
romance,
quizás todo sería distinto hoy sin aquel
percance.
Quizás Bob Marley no murió de cáncer,
quizás Tupac Shakur murió por su actitud
"black panther".
Misterio o conspiración, la revolución pagó su
precio,
y quien habló de más halló disparos de
silencio.
Desde este black book mi memoria vuela
hacia la bala que mató a Sam Cooke en un motel
de carretera.
Como quisiera estar allí y así avisarle
que el Ku Klux Klan tenía un plan para
asesinarle.
Un negrata millonario en los 60,
el espejo de una raza hambrienta,
que alimenta su alma mientras ahuyenta al que
le oprime,
"A
change is gonna come",
tenía razón y ese fue su único crimen.
Sus canciones aún viven y me desgarran,
como las de Víctor Jara, el peligro de un
hombre y una guitarra.
Acribillado a bocajarro por el régimen de
Pinochet,
su cuerpo exánime acabó en el barro,
como el Che Guevara y la unión quebrada a
golpe de fusil o de garrote vil,
nada que hacer para el más débil,
al ver que sus iconos sólo caen como colillas,
por preferir morir de pie que vivir de
rodillas.
Sencillas vidas lúcidas vencieron a cien mil,
sin miedo a morir por sus principios como
Harvey Milk.
Yo aprendí de Gandhi y de su humilde
vestimenta,
pacifista exterminado de la forma más
violenta.
Triste final de quien se enfrenta al mal,
recuerdo a Kennedy sangrando en su coche
presidencial,
quiso darnos un mañana y falleció a una edad
temprana,
me pregunto si todo será igual con Barack
Obama.
Si el drama cegará nuestra esperanza,
si la danza de los tiempos borrará las huellas
de aquellas matanzas.
Hoy rompo una lanza por la lucha que presencio
y que cesen para siempre los disparos de
silencio.
Y por Indira Gandhi, por Benazir Bhutto,
en todo el mundo las mujeres van de luto.
Allí por las mariposas, aquí por las trece
rosas,
su valor venció a los disparos de silencio.”
miércoles, 24 de septiembre de 2014
hablan las metáforas
Soy como el suicida que se enamora del puente por el que se quiere tirar, el que no tenía miedo (o eso decía), el que se iba a tirar de cabeza, el que tenía claro que quería saltar, pero que no contaba con enamorarse hasta de esos barrotes, casi casi tan oxidados como su tercer dedo.
Soy como la niña que se enamoró de la curva dónde se mató, a la que le ponía cachonda la señal de "curvas peligrosas", la que amaba la velocidad y el riesgo, la que solía acelerar en las curvas, la que perdió la vida en su primer accidente.
Yo soy la que se fija en el loro que no habla, en el gato cariñoso, en el mono que fuma, en el perro callejero, en el último de la cola. Yo soy la que quiere al pájaro que no sabe volar.
Yo quiero a la que se esconde para que no la salpiquen, pero siempre le grita al mundo que ama la lluvia.
Yo que te he escrito poesía a la altura del pecho, tú que siempre huyes en dirección contraria a los te quiero. Tú que sigues igual que cuando te conocí, con tanto frío, tantas tormentas, y esos ojos de lluvia, y sin expectativas de que escampe. Yo que sólo quería darte calor, yo sólo quería ser esa sudadera a finales de septiembre.
Sigo soñando aunque me recuerdo dos de cada tres noches lo que te prometí (lo haré por ti).
Y otro mal invierno asoma, y yo con mi educación de niñata de colegio de monjas le digo que se vaya a dar por culo a otra parte, aunque pensándolo peor, ya son muchos los que huyen. ¿Invierno, sabes qué? quédate aquí conmigo, si total, por dentro ya estoy helada.
Soy como la niña que se enamoró de la curva dónde se mató, a la que le ponía cachonda la señal de "curvas peligrosas", la que amaba la velocidad y el riesgo, la que solía acelerar en las curvas, la que perdió la vida en su primer accidente.
Yo soy la que se fija en el loro que no habla, en el gato cariñoso, en el mono que fuma, en el perro callejero, en el último de la cola. Yo soy la que quiere al pájaro que no sabe volar.
Yo quiero a la que se esconde para que no la salpiquen, pero siempre le grita al mundo que ama la lluvia.
Yo que te he escrito poesía a la altura del pecho, tú que siempre huyes en dirección contraria a los te quiero. Tú que sigues igual que cuando te conocí, con tanto frío, tantas tormentas, y esos ojos de lluvia, y sin expectativas de que escampe. Yo que sólo quería darte calor, yo sólo quería ser esa sudadera a finales de septiembre.
Sigo soñando aunque me recuerdo dos de cada tres noches lo que te prometí (lo haré por ti).
Y otro mal invierno asoma, y yo con mi educación de niñata de colegio de monjas le digo que se vaya a dar por culo a otra parte, aunque pensándolo peor, ya son muchos los que huyen. ¿Invierno, sabes qué? quédate aquí conmigo, si total, por dentro ya estoy helada.
sábado, 6 de septiembre de 2014
"a ver quién se encuentra antes"
Me jode que leas
que siento tanto
y todo por ti,
me jode leer
que sientes tanto
y nada por mí.
No lo entiendo,
vas y vienes,
cuando te vas
es por poco tiempo,
fugazmente,
como la estrella
que tienes,
pero cuando vuelves
lo haces muy
fuerte,
arrasando con todo.
No sé si es esta
puta ciudad
de la que antes
estaba perdidamente
enamorada
y que ahora
me ahoga,
me consume,
como si fuese
una simple colilla
a la que sólo le quedan
un par de tiros.
La que me lo ha dado
todo (o casi),
y luego
me lo ha quitado.
De que coño me sirve
vivir en la misma ciudad
que tú,
sólo para quemarme,
para quitarme mis sueños,
esos que me cortaban
(por eso de que son
de cristal)
pero que me hacían
seguir
sintiendo(me)
viva.
De que me sirve
que exista un tren
que me llevaría
hasta tu casa,
hasta tu cama.
Por qué estamos
tan cerca,
si cuanto más cerca
más quema,
en esta ciudad
rodeada de fuego
donde tú eres
el centro.
El puto centro de
madrid,
el puto centro
de lo más escondido
que hay en mí.
¿por qué tienes que ser
tan céntrica, madrid?
La ciudad en la que
si no sabes donde
perderte,
coges un tren
dirección al final
del túnel.
Siempre encontrando
alguna excusa
para coger esa preciosa
línea verde,
y si algún día
hay suerte
volver a cruzarme
con esos ojos.
Mientras tanto
me dedico a buscar
la mirada más perdida
del vagón,
intentando llamar
su atención,
para acabar despidiéndonos
con un
"a ver quien se encuentra antes".
Ay madrid,
que mal me tratas
y que mal repartes
las oportunidades,
y la putada es que
te quiero, más allá
de lo que ves,
de lo que lees
o de lo que puedas
creer.
Y pensándolo peor,
si me pudiera ir
no lo haría,
porque si cuanto
más cerca
más quema,
me gustaría tenerte
tan cerca
que pudieras tocar
mi calor,
ese que provocas
tú.
no sabemos sumarnos
(Te estoy olvidando,
quiero decir,
de esa manera.
Está claro que
siempre serás
alguien especial,
uno de esos
siempres
imposibles
e imborrables.
Siempre estarás
dentro de mí,
en un sentido
plenamente
metafórico, claro,
y no sé si
por desgracia,
o por suerte,
ya da igual.
Te doy igual,
y ya somos dos)
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